Cómo, el Crucificado ¡Es Vida!

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Hay que contemplar a Cristo Crucificado para descubrir la profunda donación de su amor. Y construir en Él, la espiritualidad del misterio de la cruz.

           Existe la tentación de omitir la cruz en la vida del cristiano y sin embargo san Pablo dice: ‘Yo no quise saber de otro, sino de Cristo y este Crucificado’. Es necesario contemplar a Cristo en la cruz y tocarlo muy de cerca para nutrirse de sus actitudes, de su espíritu, para mantener viva la espiritualidad de la cruz.

            Todos los bautizados somos invitados a mirar al Crucificado y ese mirar significa creer, porque de un mirar creyente, brota una vida en la cruz, que es en donde se juega nuestra elección de vivir en la luz y no en las tinieblas. De suerte que esta contemplación del Crucificado, viene a ser también como un recordatorio en el tiempo más oportuno cuando el dolor, la enfermedad, las limitaciones humanas, nos aquejan… es momento de gracia para mirar a Cristo Jesús en esta condición.

      “¿Qué quieres hija? Mucho le has pedido a Dios el sufrimiento con tal de obtener nuestra salvación y la de otras muchas almas; te lo ha concedido en lo primero. Luego tenemos que acompañarte en donde ya no hay dolor, yo y todos los tuyos… No, no, la hija del CRUCIFICADO está mejor en la CRUZ. ¡Ah, pero el dolor cuando es como el tuyo casi mata... Mas el Crucificado es Vida! "Yo soy la Vida" (JNGH c. 99)

EL CRUCIFICADO ¡ES VIDA!

      Esta frase fue hermosamente acuñada desde lo más profundo del corazón, por el Padre Juan Nepomuceno Guzmán Hernández, nuestro Fundador, cuando le escribe una carta a la Madre Ma. Guadalupe Gallegos Franco, para reanimarla y darle el consuelo del triunfo del Crucificado, cuando ella se encontraba muy enferma a consecuencia del accidente automovilístico que había sufrido siete meses antes. Las Hermanas habían llevado a la ciudad de México a la Madre Lupe en busca de medios para recuperar su salud.

    Se dice que en una crítica que se hizo al capitalismo y al comunismo, apareció que: en un capitalismo desenfrenado se venera a un Cristo sin cruz. Y en un comunismo desenfrenado se venera una cruz sin Cristo.

      Nos toca ahora a nosotros unir la cruz y el Cristo Crucificado y entender lo que significa que a la luz, se llega por la cruz. Que llegamos a la resurrección, por la muerte. Y este misterio es el camino de espiritualidad de todo creyente y, con mayor razón de nosotras en el Carisma que Dios nos confía a las Hermanas Catequistas de Jesús Crucificado, quienes tenemos el Misterio Pascual como centro de cuanto creemos, de cuanto celebramos y de cuanto vivimos.

      Es motivo de alabanza y gratitud a Dios ser invitadas por Él día a día en la oración, a prolongar en el silencio y la contemplación, la alegría de celebrar que EL CRUCIFICADO ¡ES VIDA!

      Pedimos al Señor que de esta contemplación surja un renovado espíritu por vivir con mayor hondura, con mayor autenticidad, la espiritualidad de Jesús Crucificado que Dios nos ha regalado a través de la experiencia de vida nuestros Fundadores, el Padre Juan Guzmán y la Madre Ma. Guadalupe Gallegos.