Historia

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Nos acercamos a los orígenes de nuestro Carisma,

recuperamos la memoria histórica

que nos ayuda a conservar

nuestra identidad y a renovarla

con fidelidad creativa,

al volver a la experiencia de Dios,

de nuestros Fundadores. 

   Quien tiene conciencia histórica pulsa el ritmo de los acontecimientos y se apasiona, no de sus propias perspectivas, sino de las perspectivas de Dios. Sólo desde aquí se puede dar testimonio del Resucitado como Hermanas Catequistas de Jesús Crucificado.

   La novedad evangélica con la que se manifestó el Carisma en sus inicios, hoy viene a hacerse presente cuando accedemos al pasado desde el corazón.

   Desde la óptica de Jesús el sentido de historia, promete estar con los ojos abiertos, con el corazón ardiendo, porque sólo en el corazón se recibe la luz de la verdad y se recupera la memoria salvífica.

   Recuperar el pasado lleva a levantarse, a emprender la marcha, a quitar el freno de mano que no deja caminar libremente y descubrir al Resucitado.Sólo la pedagogía del Resucitado puede reavivar y abrir el panorama que sitúa el para qué recuperar el pasado en un Instituto religioso.

   Recordemos cómo el desencantamiento y la incomprensión es lo que reflejan los peregrinos de Emaús. La incomprensión puede suscitar búsqueda o huída, compromiso o abandono. Los Fundadores de las Congregaciones no dejaron de desconcertarse ante las situaciones que les tocaba vivir, pero en todos ellos, a diferencia de los peregrinos de Emaús que se retiran del lugar, se ve una decisión firme de quedarse para hacer frente a lo que en un primer momento les llegó a escandalizar.

   La experiencia de amor a Jesús Crucificado impulsó al Padre Juan N. Guzmán Hernández y a la Srita. Ma. Guadalupe Gallegos Franco a dar los primeros pasos para responder a las necesidades de su tiempo, cuando nuestra Patria Mexicana se encontraba duramente golpeada por las continuas luchas de la Revolución Cristera en contra de la vida cristina de los mexicanos.

   Fue así que la sabiduría del Crucificado y la acción liberadora del Espíritu Santo, infundieron en la Srta. Lupe y en el Padre Juan Guzmán una profunda sensibilidad a los acontecimientos y a la realidad histórica del mundo, dándoles una visión de futuro que los hizo obedientes a la voluntad de Dios y los lanzó a un compromiso de solidaridad con los que más sufren, entregando sus vidas por la liberación integral de sus hermanos, expresado con la repetida frase: “salvación de las almas”.

   Así se fueron esbozando los rasgos del Carisma que el Señor les confiaba...